viernes, 17 de noviembre de 2017

Mis clases online ahora en Gaia.com

Queridos amigos, alumnos, compañeros y lectores de este blog.

      Me he sumido en la escritura reflexiva y educativa y apenas pongo aquí cositas triviales o eventos concretos. Confío en que de alguna manera estéis conectados a las newsletter mensuales o a las redes sociales donde también reflexiono pero voy poniendo los avisos de cursos y clases. 

      Rompo la temática inspirada para compartir que mis clases online de aomm.tv han pasado a las web de gaia.com. Este canal es la mayor plataforma que existe de yoga, espiritualidad, ciencia, conciencia y cultura mística y holística con documentales, entrevistas, cortos y sabiduría para elevar la mente y refinar el cuerpo. 

      Para mi es un honor puesto que soy seguidora de esta web desde hace muchos años, y de repente ver mis clases en el canal que yo sigo que tiene profesores tan maravillosos me deja con la cara pálida y el corazón agitado. A lo mejor si hubiera sabido que esto iba a pasar no me habría expuesto, puesto que grabé estos vídeos hace mucho y, afortunadamente, he mejorado como alumna y como profesora. Pero bueno, así es la vida, y esto queda al aire, como el cultivo de un bebé, para recibir el sol del mundo.

Os invito a pasear por la plataforma, es una delicia para estudiosos y curiosos.

www.gaia.com



martes, 31 de octubre de 2017

Enseñanza Inspirada (VI): Individualidad y Aprendizaje


      El alumno no es un apéndice del profesor. Tiene una individualidad única, y tiene derecho a interpretar las enseñanzas y la práctica de una manera personal. Hemos de prestar atención a los dogmatismos, en nosotros y en los demás. Vivimos en un universo de infinitas posibilidades ¡no lo reduzcamos con nuestra estrecha mente! 
En el intercambio alumno - profesor, existe una línea horizontal que mueve el conocimiento y la sabiduría de manera bidireccional; escuchar y aprender de ese intercambio es una labor muy noble y necesaria para mejorarnos.
¿Por qué pongo este tema en la mesa de nuestra enseñanza inspirada? 
      Me considero más alumna que profesora de yoga. Con gusto y dignidad desempeño mi labor voluntaria y apasionada de educadora, pero no olvido nunca que el espacio donde todo ocurre es en la integración de los conocimientos y prácticas en mi propia vida. 
Aprecio mucho a las escuelas y profesores que tienen personalidad, y que esas escuelas quieran crear identidad, sello y personalidad. Esto no es incompatible con recordar que, así como no habrá dos cuerpos que interpreten de igual manera una postura, no habrá dos mentes que aprendan y elaboren de la misma manera, y no habrá dos corazones que sientan igual.
      Si como alumnos apreciamos que se respete en una sala nuestra individualidad, como profesores hemos de renunciar a la tentación de estandarizar conocimientos y prácticas. 
Mantener una mente escéptica, que duda de lo que sabe y espera a que la experiencia le demuestre la validez de sus ideas, da lugar a un espacio de libertad que el profesor experimenta dentro de si mismo y que el alumno percibe al recibir las direcciones de su práctica.
      En una clase ideal, cada alumno debería salir sintiendo que disfrutó de una clase adaptada a sus necesidades. No digo que sea fácil, pero buena instrucción verbal y ligeros ajustes personales, si hubiera posibilidad, pueden dar lugar a una enseñanza multicolor que permita la expresión de las diferencias y talentos únicos de los alumnos. Basta con hacer saber al alumno que lo fundamental es la validez que tiene lo que hace para sí mismo, no para el libro de yoga, ni para el profesor senior ni para el compañero experto que está al lado. La validez de nuestro yoga viene dada por su capacidad para traer éxito y abundancia a nuestra vida en forma de salud, claridad mental y bondad. 
Una cualidad suave en la textura de la mente mantiene al tejido que aprende (la neurología que se reparte por todo nuestro cuerpo) versátil y disponible. Así, las ideas nuevas pueden hacerse sitio entre los hábitos y las certezas manteniendo la curiosidad eternamente viva. Como decía Einstein “Yo no tengo ningún talento especialmente, simplemente soy apasionadamente curioso”.
      Creo que desde este lugar podemos defender esa individualidad que aprende, sin separarnos los unos de los otros, honrando nuestras curiosidades y experiencias plásticas y diferentes.

El profesor que incluye estas ideas entre sus intenciones jamás se sentirá herido cuando alguien duda de lo que enseña o toma un camino diferente, pues sabe que hizo bien su trabajo. Ese profesor sabe que no es imprescinidible ni creador de tendencia, sabe que en su práctica diaria está su éxito. No en ser imitado ni seguido ni adulado. ¡Qué paz! ¿No?



* Ilustración: Helena Pallarés

sábado, 23 de septiembre de 2017

Enseñanza Inspirada (V): Respeto, curiosidad y admiración

      Considerando que tengamos el privilegio de estar enseñando o educando con el lenguaje del yoga, frecuentemente nos encontraremos en una esterilla mirando hacia un espacio en el que habrá, al menos, una esterilla más. Es importante cómo miramos a esa otra esterilla, a la metáfora que en ella se desarrolla y a la persona que representa el teatro de las posturas en su propio cuerpo. 
      La primera vez que me puse en una esterilla en el lugar de profesora se me hizo muy extraño. Me sentía separada de las demás personas de la sala, perdida en esas miradas que se dirigían hacia mi, pensando en qué habría detrás, sin asumir que yo era el foco de esas miradas. 
A pesar de mi torpeza, y mis escasos recursos pedagógicos, tras esa primera clase decidí que este era el trabajo más bonito que había hecho nunca (por las sensaciones que emanaban de todo mi cuerpo).
     Quiero contextualizar esta sensación. Esto fue hace exactamente diez años (mes de Septiembre de 2007). Llevaba más de cinco años trabajando en moda, y tenía en ese momento un trabajo precioso como diseñadora, que me gustaba y me permitía expresar mi creatividad. Sin embargo, nunca me había sentido en un lugar tan hermoso y tan útil como en aquella primera clase con cara de pez. Nunca había experimentado el placer de cuidar de los demás a la vez que trabajaba. 
      Desde el principio sentí mucho respeto por las personas que se acercaban a mis clases, incrédula de que les resultara una experiencia completa y suficiente viniendo de una profesora tan novel (¡aún me siento así muchas veces!). 
Han pasado muchas estaciones en mi vida personal desde entonces y en esta profesión he ido sumando horas de vuelo (como me gusta llamar a las horas de enseñanza ¿acaso no es el profesor un piloto?). Gracias a esas estaciones y esas horas he ido sacando algunas conclusiones (que imagino que habrán variado bastante dentro de diez años) y hoy quiero hablar de algunas de esas conclusiones, que son pequeños mapas para mi día a día.
     En cierto modo, cuando enseñamos aspiramos a meter la pata lo menos posible. No significa evitar todos los riesgos, significa evitar precipitarnos. Creo que un buen principio para observar el mundo desde la esterilla del profesor es mirar a todos los alumnos como si fueran héroes. Cada uno de ellos organizó su vida (tiempo, finanzas, familia, trabajo,…) para estar aquí en este momento (incluso el que llega tarde). Puesto que la experiencia es grupal no debemos permitir faltas de respeto repetidas por parte de nadie en cuanto a horarios y formas. Sin embargo, un alumno que ocasionalmente llega tarde, ha de ser saludado, honrado e invitado a la clase (no sabemos qué se puso es un camino, ni cómo fue su día, ni la necesidad de cariño y atención que puede tener,…).
      El profesor de yoga es un orientador en la creación de espacio interior. Primero hemos de crear espacio en nosotros mismos para mirar a cada estudiante sin prejuicios, y no juzgar su experiencia o práctica como buena o mala. Si algo nos irrita especialmente en algún alumno, hemos de reconocer y acoger esta realidad, haciéndonos responsables de la parte que nos toca en cuanto a actitud, creencias, aversiones y apegos.
Considero muy positivo mostrar mucha curiosidad a la hora de observar, sin dejar que nuestro conocimiento formal se interponga en el encuentro humano, y permitiendo que  nuestra sabiduría experiencial fomente este encuentro desde el respeto.
      Si conseguimos crear un contexto en el que el alumno, de manera segura y valiente, pueda explorar y descubrir caminos nuevos, permitiremos que lo que se ha abierto en su conciencia no se vuelva a cerrar (conocimiento, claridad, inspiración,…). Si en el espacio seguro y recogido de nuestra esterilla, bien acompañados, bien sentidos, bien nutridos ¡y un poco perdidos! podemos descubrir quiénes somos, y admirarnos un poquito, se abre un camino en el que una sana confianza y una madura valentía pueden surgir en la vida cotidiana, generando el cambio y las nuevas realidades interiores que están deseando manifestarse. 
     Vivekananda decía que la educación es la manifestación de la perfección que ya existe en el hombre. ¿No pensáis que si damos el contexto adecuado, y esas perfecciones se manifiestan, el practicante empezará a admirar esas perfecciones y moverse por el mundo consciente de ellas?
¿Y qué son esas perfecciones? Quiero aclarar, porque la perfección en nuestra cultura es algo culminado. En este contexto yo comprendo las perfecciones como virtudes. Y comprendo la virtud como habilidad sublime no completada, pues está en desarrollo y maduración, eternamente.  La perfección es algo vivo que se despliega, y lo hace especialmente bien cuando las circunstancias son propicias. ¿Quiero decir que las circunstancias lo son todo? Son mucho, pero no son todo.
      Lo decía Ortega y Gasset: yo soy yo y mis circunstancias. Si yo, como profesora, consigo crear las circunstancias, al practicante ya le queda solo la mitad del trabajo. Y eso es enseñar. Enseñar es navegar en equipo. Es compartir proyecto, sudores, miedos, pasiones y propósitos. Para educarnos juntos hemos sentirnos juntos. Y el profesor puede, con su respeto, su admiración y su curiosidad desbordantes, hacer sentir a sus alumnos que está con ellos, que siente con ellos, que respira con ellos y que cree en una relación horizontal bi-direccional entre el que enseña y el que recibe. En lo abstracto de estas direcciones invisibles, llega un momento en el que todos nos damos cuenta de que todos estamos enseñando, y todos estamos aprendiendo. El profesor que olvida que está aprendiendo, está perdido en sus certidumbres y en sus hábitos. Cuanto más tiempo llevamos enseñando, más riesgos. Hagamos como les pedimos a nuestros alumnos, mantengamos la mente del principiante viva y despierta, sin apolillarnos, sin dormirnos, admirándonos.


     Hoy quiero mencionar algunas maneras de traer estos conceptos a la práctica, para que se vea qué significan para mi.
      No debemos nunca asumir que una persona con un problema de salud, o una limitación en su movilidad, es débil. Cualquier cuerpo impulsado a explorarse descubre talentos inexplorados. Todo cuerpo vivo guarda y conserva espacios de fuerza, es nuestra labor descubrirlos. Así, el que se siente débil, puede salir de su sesión de yoga motivado de sus progresos. Probablemente seguirá practicando porque descubre su poder interior a través de su práctica. 
Para promover esa admiración del alumno hacia sí mismo podemos siempre animarle a superarse (sin violencia), a cultivar su resiliencia, evitando la pereza, y a usar su respiración y su actitud para encontrar placer en los desafíos y los esfuerzos. Así como hemos de ser sensibles cuando alguien está forzando una postura, perdiendo elegancia y gracia, debemos ser sensibles a aquel que sólo pone la mitad de sus recursos en marcha. 
      Nuestra práctica de yoga no es el contexto en el queremos guardar la energía, porque todo lo que ponemos nos viene devuelto y multiplicado en vitalidad y bienestar. ¡Es un buen lugar para invertir! Cuando invitamos a los alumnos a poner más pasión en las posturas considero más seguro hacerlo verbalmente, y no con ajustes manuales. No creo que debamos ajustar para ayudar al alumno a avanzar en las posturas, sino para que pueda sentir el cuerpo mejor colocado. Es mejor que el alumno avance a su ritmo y con sus recursos hacia su siguiente nivel, y allí dar el ajuste si estamos seguros de que es necesario. Personalmente, las pocas veces que me he hecho daño guiada por otro profesor han sido veces en que me han movido el cuerpo allí donde yo no podría haberlo hecho con mi propia fuerza, con lo cuál no estaba protegida por mi propia musculatura ni con mi conciencia corporal.
     Tengo también algunas ideas respecto al dolor. No puedo crear ciencia ni corriente de pensamiento, pero puedo compartir mi experiencia. He visto que hasta las personas que decían sentir dolor todo el rato, han encontrado un puente en ese dolor hacia más libertad usando posturas y respiración bien combinados y adaptados. Si yo hubiera atendido sólo a su dolor a la hora de guiarles, no les habría propuesto hacer nada. Sin embargo, a veces es más completo atender al dolor tanto como a la posibilidad, y la vía, para encontrar el espacio sin dolor. Detrás del dolor, normalmente, hay libertad de algún tipo. La falta de movimiento en general aumenta el dolor, así que lo ideal será siempre encontrar el máximo movimiento posible con el menor dolor posible. Interpretar esto de manera adecuada es importante. Los resultados en este contexto son lentos, pero están asegurados si guardamos fe y una buena praxis. Personalmente, cuando viene alguien a mi consulta privada y siento que no estoy preparada para ayudarles se lo hago saber. No soy profesora de yoga terapéutico, aunque uso el yoga para trabajo terapéutico. Incluso el yoga en algunos momentos puede ser una opción inadecuada, y es bueno darnos cuenta.
     Respecto a mi propia práctica también tengo algunas conclusiones. A veces, practicar con un poco de dolor es mejor que no practicar. Aunque todo depende del tipo y el origen del dolor. Movilizar suavemente, respirar profundamente, sentir el cuerpo, aunque sea en la mínima de las expresiones, casi siempre es lo mejor. Y mejora mucho el ánimo, que es lo que más afectado queda cuando tenemos dolor o limitaciones. Hasta hace poco no había tenido ninguna lesión, y ahora que la he tenido he llegado a esta conclusión tras explorar múltiples caminos. Por supuesto, esto es sólo mi experiencia personal. Creo que amo tanto el yoga que estoy dispuesta a pagar con un poquito de dolor excepcionalmente, a cambio de una práctica estimulante y renovadora. ¿Será vicio o que me encanta ese momento al final de la práctica en el que puedo admirar mis jóvenes virtudes madurando?

Y aquí cierro tema. En este artículo he querido mojarme sin empaparme. Espero haberos salpicado de algo fresco y vibrante.

Gracias por vuestra escucha y atención. Dejo estas conversaciones abiertas, no dudéis en escribirme con dudas, consultas, correcciones, sugerencias u opiniones a diana@samyamayogaibiza.com



* Ilustración Lucy Rose



jueves, 31 de agosto de 2017

Enseñanza Inspirada (IV): Conquistas e Identidad

     Como profesores queremos modelar la realidad, la nuestra y la de los demás. En este contexto considero un riesgo el esfuerzo dedicado a impresionar a los alumnos con todo lo que sabemos, pudiendo invertir ese tiempo en crear un contexto en el que ellos puedan admirarse a si mismos. 
Buscar la validación de nuestros alumnos, creando una imagen grandiosa de estatus o sabiduría en nosotros, sólo creará en ellos complejos, dudas y miedos. El profesor ha de cultivar intensamente su propia honestidad, humildad y cercanía. El alumno debe sentirse protegido, amado, respetado y orientado hacia su grandeza, como un hijo se sentiría guiado por un buen padre o madre. Esta conexión ha de ser incondicional, no debe depender de nuestro estado emocional. 
     Desde que nacemos nos orientamos naturalmente hacia ser amados y aceptados. En última instancia, es un reflejo que pertenece a nuestra supervivencia; si hay alguien que nos ama y acepta, es más probable que ese alguien esté dispuesto a protegernos, alimentarnos y cuidarnos, y eso nos da más probabilidades de sobrevivir.
Hemos de empezar por reconocer esta necesidad, y ver cómo se expresa en nuestra comunicación y relaciones. La mayoría de nosotros exponemos al mundo solamente lo que pensamos que será aceptado; y gastamos bastante energía en ocultar lo que consideramos que son defectos, debilidades o taras. Poca gente se hace una foto para su Instagram el día que tiene un grano en la nariz y grandes ojeras. Esto es normal y sano: queremos dar lo mejor de nosotros. El problema es la obsesión por parecer perfectos y exitosos.
    En resumen, todos queremos ser bonitos y que los demás así lo piensen. Sin embargo, en cuanto a veracidad e integridad, esta búsqueda rompe el orden natural. La expresión de la vida humana contiene diversidad de lenguajes y realidades, y muchos de éstos forman parte de lo que consideraríamos inadecuado e insuficiente: un trauma infantil, una enfermedad, emociones fuera de control, incoherencias, miedos, ignorancia, y un muy largo etcétera.
La madurez nos va dando un poco de perspectiva sobre todo este teatro, y podemos decidir qué papel queremos jugar. Aunque seamos profesores o practicantes de yoga no tenemos todas las soluciones ni hemos superado todos nuestros problemas. Seguramente moriremos sin superar muchos de ellos. Sin embargo, lo que nos gustaría es morirnos habiendo aceptado esos problemas, habiendo hecho las paces con las insuficiencias de nuestra vida (que muchas veces son nuestros mayores tesoros). 
      Lo primero a observar es en base a qué hemos decidido que nuestros problemas nos hacen insuficientes. Por qué hemos decidido que una enfermedad nos hace débiles, un trauma nos hace delicados, o un problema financiero es una vergüenza. ¿En base a qué paradigma construimos nuestro valor? Desafortunadamente, culturalmente construimos nuestro valor en base a lo que conseguimos, no a lo que somos; en base a objetivos y no al camino. Si fueramos capaces de reconocer que no tenemos que demostrar que nos merecemos la vida y pudieramos sentir nuestro valor intrínseco, la mayoría de los problemas de auto-amor y auto-respeto desaparecerían. 
    Quizás pensáis que no viene al caso hablar de auto-amor. Sin embargo, un profesor que necesita validar su derecho a estar aquí tenderá a crear relaciones más competitivas en sus clases, tenderá a buscar fans en vez de alumnos, tenderá a reducir el yoga a conquistas en vez de transmitirlo como un camino, y probablemente olvidará que necesita de los demás para ir superando y puliendo esas aristas de la personalidad que sólo cambian cuando reconocemos nuestra vulnerabilidad.
    En este contexto es importante no identificarnos con lo que hacemos o tenemos. Y así mantener nuestro equilibrio emocional. La identidad con el alma asegura que las fluctuaciones del mundo exterior nos afectarán menos. Así elijo, por ejemplo, no identificar el número de alumnos o seguidores con el valor de mis clases o talleres (tan peligroso es sentirse exitoso como sentirse un fracaso), sino que pongo el valor de mis clases en el amor y la dedicación que les pongo. Y por otro lado pongo el número de personas que vienen. Pero no hago una relación directa entre cantidad y calidad. Sólo observo ambas variables...
Y esto nos lleva a marcar una muy saludable frontera entre la conquista interior (nace del deseo de hacer las cosas bien, por el placer de que así sea, sin pensar en los frutos… bueno, sólo el fruto de nuestra paz personal) y la conquista exterior (visible, validada por el mundo exterior, comparable y mensurable). Ambas son necesarias, en sus diversas áreas de influencia. Su funcionalidad real depende de que sepamos en qué contexto cada una es válida. 

     Considerando el contexto en el que vivimos, con tanta energía orientada hacia el exterior a través de la comunicación y la tecnología, seguro que nos puede hacer mucho bien recordar la función de la conquista interior. La conquista interior funciona como un motor para mantener nuestra integridad (solos o en compañía) en pensamiento y acción. Es la que recuerda que cada palabra para hablar bien de nosotros y mal de los demás es un comportamiento del ego y no del corazón. La conquista interior se acuesta cada noche, quizás cansada, feliz de haber concentrado su energía en ascender la montaña de la auto-indagación y la creatividad que nos permite vivir cada día con la intuición y el servicio que todo profesor de yoga debe profesar a este oficio, los estudiantes y los compañeros. La conquista interior no busca el confort de los aplausos, sino la verdad de sus talentos en desarrollo y sus posibles torpezas diarias. 

     La mirada de este tipo de conquista es muy a largo plazo, es una mirada longeva que conoce, antes de morir, lo temporal y lo atemporal. La conquista interior tiene relación con la vida espiritual, no con la material.  Además, esta conquista no se pelea con la conquista exterior. Simplemente la observa con desapego y honestidad, reconociendo su valor como posible reflejo del trabajo bien hecho. Incluso puede ocurrir que sea más fácil que la conquista exterior aparezca cuando le damos menos importancia y nos concentramos en el espacio interior. Este espacio tiene luz de una potencia inimaginable.
     Mi conquista interior es preguntarme por qué enseño, recordarme cuáles son mis valores y por qué amo este trabajo. Y aceptar las dificultades y los miedos que experimento, sin castigarme por ellos. Sin ocultarlos ¡que son muchos!… Muchos...

Uffff… Qué liberación… Se sube mejor la montaña cuando se viaja ligera.



* Ilustración: Marta Antelo

viernes, 18 de agosto de 2017

Enseñanza Inspirada (III): Desde el corazón

      Cuando hablamos desde el corazón nos sentimos internamente tranquilos y verdaderos, y hay un agradable silencio de fondo. No hay asomo de culpa, vergüenza, ira, competitividad o juicio. Y esto no es nada frecuente en nuestra sociedad. 
Nos hemos criado en tiempos que invitan a una mirada espiritual muy estrecha. Podemos decir que todos somos uno ¿pero qué significa eso? ¿y cómo podemos llegar a sentirlo y creerlo en todas nuestras células? 
     Para mi la estrategia básica es hacer las paces con uno mismo y con el mundo. Dejar de pensar que hay malos y buenos, y que nosotros somos malos o buenos. Descartar el aspecto dual para dar paso al aspecto integrador y cohesivo de la experiencia humana es para mi un paso fundamental en la comprensión de la enseñanza basada en el corazón. Esta enseñanza no habla sólo del aspecto emocional, sino también de la fisiología que acompaña a este estado emocional. 
      ¿Qué cosas son importantes en este contexto? Cómo nos comunicamos, no sólo a nivel de palabra, sino de sentimiento, emoción e intención. Cómo nos posicionamos internamente, si estamos en nuestra mente o en nuestro corazón. Cómo miramos a los demás, si por encima del hombro o a los ojos. Cómo permitimos la expresión de las diferencias, sin fomentar la competitividad. Entre otras...
     Todo esto, y sus variaciones sutiles y gruesas, da lugar a grandes diferencias en la experiencia que se genera en un contexto de enseñanzaLa enseñanza inspirada es, inevitablemente, una enseñanza orientada a abrir el corazón de los demás desde la apertura del nuestro. Aunque se nutre y apoya en conocimientos teóricos, filosóficos y anatómicos, su principal fuente es la conexión del profesor con su propia verdad personal (sus talentos, limitaciones, pasiones, miedos,…). Esta conexión se hace en cada momento de la vida cotidiana, y debe hacerse especialmente cuando vamos a enseñar. 
Yo tengo mi propio método, que evoluciona cada día, y más o menos se desarrolla según explico a continuación:
Lo primero que hago cuando me pongo en una esterilla a dar una clase (haya una persona, un grupo grande o una cámara grabando) es recordar quién soy y qué quiero ofrecer.  Me recuerdo que el encuentro es sagrado y conecto con el momento presente para liberarme de las expectativas que yo misma o los alumnos puedan tener, para quitarme la presión de tener que estar a la altura o tener todas las respuestas. Necesito vaciarme para que todo esto pueda emerger, sin que yo tenga que empujar, perseguir o exigirme nada. Me limito a ser yo misma: pongo en la esterilla conmigo mi pasión, mi honestidad, mi vulnerabilidad y mi amor por lo que hago, y me concentro en sentir a las personas que con su valentía se han decidido a compartir un rato conmigo. Lo siguiente que hago, si es una clase en directo, es dar la bienvenida y, si no me conocen, explico brevemente que en este contexto y en este momento son naturales y deseables las diferencias, y que la práctica no pretende homogeneizar, sino dar espacio para que cada uno pueda encontrar su libertad y su verdad. No tengo miedo a decir lo que siento, y expongo el gran camino que me queda por recorrer para que nadie sienta que voy por delante en ningún sentido. Animo a todos los alumnos a que den lo mejor de si mismos, que se amen, se respeten y salgan de su zona de confort para entrar en la zona del descubrimiento y la aventura. Yo, por mi parte, me comprometo a hacer lo mismo.
     A nivel fisiológico todos nos beneficiamos de estas intenciones. Mi latido cardíaco empieza a ser más coherente y mi campo de información (electromagnético y mensurable) empieza a interactuar con el de los demás de manera más eficiente. Yo sé que si me trato bien  internamente también trato bien a los alumnos. Mi respiración se vuelve regular, a pesar de que estoy hablando, mi lentitud se vuelve un ejemplo para las neuronas espejo de los alumnos, y mi relajación facial desactiva los mecanismos biológicos de defensa que se activarían si sintieran que estoy tensa (para mayor comprensión de estos principios estudiar el concepto de la comunicación compasiva del neurocientífico Mark Waldman). 
     Cuando habitamos nuestro corazón, nos convertimos en un espacio de seguridad para los alumnos, y entonces se desactivan en ellos las respuestas fisiológicas de estrés o miedo. En este contexto las ondas cerebrales se ralentizan y se produce un aprendizaje más puro, sereno y natural. Por no hablar de que nos vamos todos a casa flotando y agradecidos de estar vivos, dispuestos a disfrutar de cada momento.
    Esto es lo que trae la enseñanza que se dirige al corazón; una unificación a nivel de intenciones y sentimientos. Personalmente creo que es muy difícil que todos nos pongamos de acuerdo respecto a todos los aspectos técnicos del yoga (el alineamiento, por ejemplo). Sin embargo, creo que todos podríamos llegar a estar de acuerdo en que queremos enseñar desde el corazón y acariciar el corazón de los que nos rodean. Eso nos unifica y trae una coherencia global al proyecto que tenemos de ser útiles y verdaderos, más allá del éxito exterior (siempre débil si no existen la paz interior y la devoción).
     Por nuestra parte, como profesores, quizás podemos indagar un poco más cada día en nuestra verdadera naturaleza, la misión de la experiencia humana, las funciones de la mente, la relevancia de las emociones, nuestra vida espiritual… Y seguir haciéndonos las grandes preguntas: ¿cuál es mi relación con la vida? ¿mi misión en el mundo? ¿mi manera de servir? ¿quién soy y cómo puedo contactar con ese estado de ser? 
Estas preguntas, filosóficas y existenciales, han sido denominador común de todas las generaciones que han pisado la tierra. No tienen que dejarnos paralizados o pasivos, sino ayudarnos a traer las acciones poderosas e inspiradas que fortalecen el puente entre el mundo interior y el exterior.
Nuestro corazón empieza dentro de nosotros y se extiende en infinitas ramificaciones al mundo exterior. Bonitas raíces y buena poda, bonitas ramas y ricos frutos.

sábado, 12 de agosto de 2017

Abriendo espacios virtuales nuevos

      Con mucho amor, algo de sudor y los ojos cansados inauguro por fin la web en inglés.

      Ante la dificultad creciente de hacer las lecturas y navegaciones de mis contenidos cómodos, para mi y los demás, creo haber tomado la mejor decisión posible. ¡Dividir para vencer! Aunque mi corazón sigue integrado, he dividido los contenidos y creo que una vez que nos hagamos a la nueva situación saldremos todos beneficiados. Así, este espacio puede quedar más dedicado a mis pasiones de blogger y contenido específico para profesores y estudiantes apasionados ¡y sólo en castellano!

      La nueva web es mucho más práctica para ver los contenidos de los talleres y hacer las reservas. El contenido está todo en inglés, pero la descripción de los talleres está en el idioma en el que se imparten.

      Así pues, este post es de cosas prácticas, necesarias y de celebración. Son muchos años escribiendo y compartiendo en este espacio, y aunque las nuevas webs son muy elegantes, este lugar es para mi un templo. 

Gracias a los que me seguís por aquí, os considero parte de esta comunidad de conexiones invisibles que me gusta y amo tanto. Quedo a vuestra disposición, como siempre.

Aquí os dejo a la nueva criatura:

www.samyamayogaibiza.com



sábado, 29 de julio de 2017

Enseñanza Inspirada (II): Metáforas

      Sigo caminando apasionada por este territorio que he querido llamar Enseñanza Inspirada. El propósito fundamental de esto no es que os caséis con mis ideas, sino que reflexionemos juntos y amemos las diferencias. Crear contenido e indagar en la naturaleza humana es, desde mi punto de vista, un impulso natural de todo profesor. De hecho, quizás es la llama más ardiente que podemos llegar a sentir. El buen profesor no es el que más sabe, sino el que más interés tiene en la comunicación humana, y el que más pasión siente en el compartir. Necesitamos buenos profesores. Gente valiente, sencilla y deseosa de emprender las renuncias que implica la maravillosa tarea de representar un conocimiento o una ciencia. No debemos preocuparnos de cuanto sabemos, pues el conocimiento es infinito, sino de cuánto hemos integrado y comprendido, y desde ese lugar lanzarnos a compartir esa parte que se ha hecho real en nosotros.

El tema de hoy me encanta, cada día uso estas ideas para que las luces y las sombras que todo alumno y profesor deben atravesar resulten útiles y positivas. Vamos allá...

METÁFORAS EN LA ESTERILLA

      La esterilla es una metáfora, y cada postura también. Cómo resolvemos nuestros conflictos en la esterilla ayudará a los alumnos a resolver los suyos desde el mismo lugar. Si nos sentimos y comunicamos con amabilidad, aprecio y claridad creamos en nosotros mismos una fisiología coherente, que sirve de modelo y de nueva realidad para los que nos rodean. La integridad es un elemento fundamental, más que hacer y decir, hemos de ser lo que queremos transmitir. Sólo podemos compartir con los demás los principios que regulan nuestra propia vida. Podemos pedir compromiso, si lo tenemos nosotros. Podemos pedir pasión, si nosotros la tenemos. Podemos pedir desapego, si nosotros lo practicamos. Podemos enseñar cómo navegar en una esterilla, si sabemos dirigir la nuestra.

      La gran comprensión que aspiramos a crear en nuestra práctica de yoga ha de permear al resto de los ámbitos, superando y desbordando la pequeña vida en nuestra esterilla. Es la gran vida más allá de la esterilla la que queremos refinar, purificar, alegrar y descubrir. Cuando olvidamos que la esterilla es una metáfora podemos caer en apego a lo que ocurre cuando la usamos. Cuando pensamos que lo que hacemos en la esterilla empieza y acaba en este limitado territorio fragmentamos la práctica, rompiendo su continuidad natural. Lo más interesante ocurre ante nuestro propios ojos cuando en una postura desafiante eludimos el esfuerzo o nos frustramos. Esto significa que estamos haciendo lo mismo fuera de la esterilla. Entonces empezamos a ver ese espacio tan reducido como el gran espacio para el entrenamiento de nuestras virtudes en un contexto seguro y protegido. Quizás si supero en la esterilla el miedo a caerme (incluye el miedo a que los demás me vean caerme), supere también el miedo a asumir riesgos necesarios para mi crecimiento o prosperidad. No hemos venido a este espacio a lucirnos, sino a descubrirnos. No importa nada lo que los demás opinen de nuestro viaje o nuestro vehículo, importa mucho cuánto nos impregnamos de las verdades que vamos encontrando, y cuánto estamos dispuestos a comprometernos honestamente con ellas.

     En esta metáfora, como profesores, hemos de saber que estamos entrenando nuestra capacidad para empatizar, comunicar y acercarnos a los demás. Si jugamos a ser importantes le quitamos importancia a la valentía y determinación que trajo a los alumnos a nuestro espacio. Más que ser estupendos, hemos de ser reales. Entrenando nuestra verdad y honestidad en la esterilla, cuando salgamos de ella podremos seguir iluminando el mundo con nuestra humilde humanidad. 

      En algún momento se difundió la idea de que el yoga era para relajarse, y eso hace que algunos practicantes inicien la experiencia con expectativa de muchas sensaciones agradables. Las sensaciones agradables están aseguradas, pero no vienen solas. En la esterilla podemos recorrer todos los colores y sabores de la vida real, y es así como está planeado que ocurra; lo incómodo, lo fácil, lo conocido, lo desconocido, la pasión, el miedo, el orgullo, la vergüenza, el placer, el esfuerzo,… Sin embargo, así como no nos servirá de nada ser duros con la vida, no debemos traer dureza a la esterilla. Aceptamos la dureza, pero no la promovemos. Aceptamos el esfuerzo, pero no lo forzamos. Practicamos amabilidad y determinación a la vez, y salimos volando hacia el espacio sideral inspirados por la gran visión de nuestro pequeño universo interior. 

¿No sería precioso que pudiéramos transmitir todo esta riqueza y esta belleza cuando enseñamos?  ¿Querríamos quitarle a alguien el placer que surge del esfuerzo de superar sus propias limitaciones? ¿Querríamos esconder que cuanto más valientes y transparentes somos más nos sostiene la vida? 

Propongo que digamos la verdad de esta metáfora que es la esterilla, del encuentro sagrado que supone, y de la frustración humana que podemos encontrar. Y que compartamos que en esta diversidad ocurre el milagro: la unión de nuestras partes, la unión del mundo interior con el exterior. Esto se llama yoga y no tiene final.

Seguimos navegando juntos hasta el siguiente encuentro.
Gracias por vuestra escucha.