jueves, 31 de agosto de 2017

Enseñanza Inspirada (IV): Conquistas e Identidad

     Como profesores queremos modelar la realidad, la nuestra y la de los demás. En este contexto considero un riesgo el esfuerzo dedicado a impresionar a los alumnos con todo lo que sabemos, pudiendo invertir ese tiempo en crear un contexto en el que ellos puedan admirarse a si mismos. 
Buscar la validación de nuestros alumnos, creando una imagen grandiosa de estatus o sabiduría en nosotros, sólo creará en ellos complejos, dudas y miedos. El profesor ha de cultivar intensamente su propia honestidad, humildad y cercanía. El alumno debe sentirse protegido, amado, respetado y orientado hacia su grandeza, como un hijo se sentiría guiado por un buen padre o madre. Esta conexión ha de ser incondicional, no debe depender de nuestro estado emocional. 
     Desde que nacemos nos orientamos naturalmente hacia ser amados y aceptados. En última instancia, es un reflejo que pertenece a nuestra supervivencia; si hay alguien que nos ama y acepta, es más probable que ese alguien esté dispuesto a protegernos, alimentarnos y cuidarnos, y eso nos da más probabilidades de sobrevivir.
Hemos de empezar por reconocer esta necesidad, y ver cómo se expresa en nuestra comunicación y relaciones. La mayoría de nosotros exponemos al mundo solamente lo que pensamos que será aceptado; y gastamos bastante energía en ocultar lo que consideramos que son defectos, debilidades o taras. Poca gente se hace una foto para su Instagram el día que tiene un grano en la nariz y grandes ojeras. Esto es normal y sano: queremos dar lo mejor de nosotros. El problema es la obsesión por parecer perfectos y exitosos.
    En resumen, todos queremos ser bonitos y que los demás así lo piensen. Sin embargo, en cuanto a veracidad e integridad, esta búsqueda rompe el orden natural. La expresión de la vida humana contiene diversidad de lenguajes y realidades, y muchos de éstos forman parte de lo que consideraríamos inadecuado e insuficiente: un trauma infantil, una enfermedad, emociones fuera de control, incoherencias, miedos, ignorancia, y un muy largo etcétera.
La madurez nos va dando un poco de perspectiva sobre todo este teatro, y podemos decidir qué papel queremos jugar. Aunque seamos profesores o practicantes de yoga no tenemos todas las soluciones ni hemos superado todos nuestros problemas. Seguramente moriremos sin superar muchos de ellos. Sin embargo, lo que nos gustaría es morirnos habiendo aceptado esos problemas, habiendo hecho las paces con las insuficiencias de nuestra vida (que muchas veces son nuestros mayores tesoros). 
      Lo primero a observar es en base a qué hemos decidido que nuestros problemas nos hacen insuficientes. Por qué hemos decidido que una enfermedad nos hace débiles, un trauma nos hace delicados, o un problema financiero es una vergüenza. ¿En base a qué paradigma construimos nuestro valor? Desafortunadamente, culturalmente construimos nuestro valor en base a lo que conseguimos, no a lo que somos; en base a objetivos y no al camino. Si fueramos capaces de reconocer que no tenemos que demostrar que nos merecemos la vida y pudieramos sentir nuestro valor intrínseco, la mayoría de los problemas de auto-amor y auto-respeto desaparecerían. 
    Quizás pensáis que no viene al caso hablar de auto-amor. Sin embargo, un profesor que necesita validar su derecho a estar aquí tenderá a crear relaciones más competitivas en sus clases, tenderá a buscar fans en vez de alumnos, tenderá a reducir el yoga a conquistas en vez de transmitirlo como un camino, y probablemente olvidará que necesita de los demás para ir superando y puliendo esas aristas de la personalidad que sólo cambian cuando reconocemos nuestra vulnerabilidad.
    En este contexto es importante no identificarnos con lo que hacemos o tenemos. Y así mantener nuestro equilibrio emocional. La identidad con el alma asegura que las fluctuaciones del mundo exterior nos afectarán menos. Así elijo, por ejemplo, no identificar el número de alumnos o seguidores con el valor de mis clases o talleres (tan peligroso es sentirse exitoso como sentirse un fracaso), sino que pongo el valor de mis clases en el amor y la dedicación que les pongo. Y por otro lado pongo el número de personas que vienen. Pero no hago una relación directa entre cantidad y calidad. Sólo observo ambas variables...
Y esto nos lleva a marcar una muy saludable frontera entre la conquista interior (nace del deseo de hacer las cosas bien, por el placer de que así sea, sin pensar en los frutos… bueno, sólo el fruto de nuestra paz personal) y la conquista exterior (visible, validada por el mundo exterior, comparable y mensurable). Ambas son necesarias, en sus diversas áreas de influencia. Su funcionalidad real depende de que sepamos en qué contexto cada una es válida. 

     Considerando el contexto en el que vivimos, con tanta energía orientada hacia el exterior a través de la comunicación y la tecnología, seguro que nos puede hacer mucho bien recordar la función de la conquista interior. La conquista interior funciona como un motor para mantener nuestra integridad (solos o en compañía) en pensamiento y acción. Es la que recuerda que cada palabra para hablar bien de nosotros y mal de los demás es un comportamiento del ego y no del corazón. La conquista interior se acuesta cada noche, quizás cansada, feliz de haber concentrado su energía en ascender la montaña de la auto-indagación y la creatividad que nos permite vivir cada día con la intuición y el servicio que todo profesor de yoga debe profesar a este oficio, los estudiantes y los compañeros. La conquista interior no busca el confort de los aplausos, sino la verdad de sus talentos en desarrollo y sus posibles torpezas diarias. 

     La mirada de este tipo de conquista es muy a largo plazo, es una mirada longeva que conoce, antes de morir, lo temporal y lo atemporal. La conquista interior tiene relación con la vida espiritual, no con la material.  Además, esta conquista no se pelea con la conquista exterior. Simplemente la observa con desapego y honestidad, reconociendo su valor como posible reflejo del trabajo bien hecho. Incluso puede ocurrir que sea más fácil que la conquista exterior aparezca cuando le damos menos importancia y nos concentramos en el espacio interior. Este espacio tiene luz de una potencia inimaginable.
     Mi conquista interior es preguntarme por qué enseño, recordarme cuáles son mis valores y por qué amo este trabajo. Y aceptar las dificultades y los miedos que experimento, sin castigarme por ellos. Sin ocultarlos ¡que son muchos!… Muchos...

Uffff… Qué liberación… Se sube mejor la montaña cuando se viaja ligera.



* Ilustración: Marta Antelo

viernes, 18 de agosto de 2017

Enseñanza Inspirada (III): Desde el corazón

      Cuando hablamos desde el corazón nos sentimos internamente tranquilos y verdaderos, y hay un agradable silencio de fondo. No hay asomo de culpa, vergüenza, ira, competitividad o juicio. Y esto no es nada frecuente en nuestra sociedad. 
Nos hemos criado en tiempos que invitan a una mirada espiritual muy estrecha. Podemos decir que todos somos uno ¿pero qué significa eso? ¿y cómo podemos llegar a sentirlo y creerlo en todas nuestras células? 
     Para mi la estrategia básica es hacer las paces con uno mismo y con el mundo. Dejar de pensar que hay malos y buenos, y que nosotros somos malos o buenos. Descartar el aspecto dual para dar paso al aspecto integrador y cohesivo de la experiencia humana es para mi un paso fundamental en la comprensión de la enseñanza basada en el corazón. Esta enseñanza no habla sólo del aspecto emocional, sino también de la fisiología que acompaña a este estado emocional. 
      ¿Qué cosas son importantes en este contexto? Cómo nos comunicamos, no sólo a nivel de palabra, sino de sentimiento, emoción e intención. Cómo nos posicionamos internamente, si estamos en nuestra mente o en nuestro corazón. Cómo miramos a los demás, si por encima del hombro o a los ojos. Cómo permitimos la expresión de las diferencias, sin fomentar la competitividad. Entre otras...
     Todo esto, y sus variaciones sutiles y gruesas, da lugar a grandes diferencias en la experiencia que se genera en un contexto de enseñanzaLa enseñanza inspirada es, inevitablemente, una enseñanza orientada a abrir el corazón de los demás desde la apertura del nuestro. Aunque se nutre y apoya en conocimientos teóricos, filosóficos y anatómicos, su principal fuente es la conexión del profesor con su propia verdad personal (sus talentos, limitaciones, pasiones, miedos,…). Esta conexión se hace en cada momento de la vida cotidiana, y debe hacerse especialmente cuando vamos a enseñar. 
Yo tengo mi propio método, que evoluciona cada día, y más o menos se desarrolla según explico a continuación:
Lo primero que hago cuando me pongo en una esterilla a dar una clase (haya una persona, un grupo grande o una cámara grabando) es recordar quién soy y qué quiero ofrecer.  Me recuerdo que el encuentro es sagrado y conecto con el momento presente para liberarme de las expectativas que yo misma o los alumnos puedan tener, para quitarme la presión de tener que estar a la altura o tener todas las respuestas. Necesito vaciarme para que todo esto pueda emerger, sin que yo tenga que empujar, perseguir o exigirme nada. Me limito a ser yo misma: pongo en la esterilla conmigo mi pasión, mi honestidad, mi vulnerabilidad y mi amor por lo que hago, y me concentro en sentir a las personas que con su valentía se han decidido a compartir un rato conmigo. Lo siguiente que hago, si es una clase en directo, es dar la bienvenida y, si no me conocen, explico brevemente que en este contexto y en este momento son naturales y deseables las diferencias, y que la práctica no pretende homogeneizar, sino dar espacio para que cada uno pueda encontrar su libertad y su verdad. No tengo miedo a decir lo que siento, y expongo el gran camino que me queda por recorrer para que nadie sienta que voy por delante en ningún sentido. Animo a todos los alumnos a que den lo mejor de si mismos, que se amen, se respeten y salgan de su zona de confort para entrar en la zona del descubrimiento y la aventura. Yo, por mi parte, me comprometo a hacer lo mismo.
     A nivel fisiológico todos nos beneficiamos de estas intenciones. Mi latido cardíaco empieza a ser más coherente y mi campo de información (electromagnético y mensurable) empieza a interactuar con el de los demás de manera más eficiente. Yo sé que si me trato bien  internamente también trato bien a los alumnos. Mi respiración se vuelve regular, a pesar de que estoy hablando, mi lentitud se vuelve un ejemplo para las neuronas espejo de los alumnos, y mi relajación facial desactiva los mecanismos biológicos de defensa que se activarían si sintieran que estoy tensa (para mayor comprensión de estos principios estudiar el concepto de la comunicación compasiva del neurocientífico Mark Waldman). 
     Cuando habitamos nuestro corazón, nos convertimos en un espacio de seguridad para los alumnos, y entonces se desactivan en ellos las respuestas fisiológicas de estrés o miedo. En este contexto las ondas cerebrales se ralentizan y se produce un aprendizaje más puro, sereno y natural. Por no hablar de que nos vamos todos a casa flotando y agradecidos de estar vivos, dispuestos a disfrutar de cada momento.
    Esto es lo que trae la enseñanza que se dirige al corazón; una unificación a nivel de intenciones y sentimientos. Personalmente creo que es muy difícil que todos nos pongamos de acuerdo respecto a todos los aspectos técnicos del yoga (el alineamiento, por ejemplo). Sin embargo, creo que todos podríamos llegar a estar de acuerdo en que queremos enseñar desde el corazón y acariciar el corazón de los que nos rodean. Eso nos unifica y trae una coherencia global al proyecto que tenemos de ser útiles y verdaderos, más allá del éxito exterior (siempre débil si no existen la paz interior y la devoción).
     Por nuestra parte, como profesores, quizás podemos indagar un poco más cada día en nuestra verdadera naturaleza, la misión de la experiencia humana, las funciones de la mente, la relevancia de las emociones, nuestra vida espiritual… Y seguir haciéndonos las grandes preguntas: ¿cuál es mi relación con la vida? ¿mi misión en el mundo? ¿mi manera de servir? ¿quién soy y cómo puedo contactar con ese estado de ser? 
Estas preguntas, filosóficas y existenciales, han sido denominador común de todas las generaciones que han pisado la tierra. No tienen que dejarnos paralizados o pasivos, sino ayudarnos a traer las acciones poderosas e inspiradas que fortalecen el puente entre el mundo interior y el exterior.
Nuestro corazón empieza dentro de nosotros y se extiende en infinitas ramificaciones al mundo exterior. Bonitas raíces y buena poda, bonitas ramas y ricos frutos.

sábado, 12 de agosto de 2017

Abriendo espacios virtuales nuevos

      Con mucho amor, algo de sudor y los ojos cansados inauguro por fin la web en inglés.

      Ante la dificultad creciente de hacer las lecturas y navegaciones de mis contenidos cómodos, para mi y los demás, creo haber tomado la mejor decisión posible. ¡Dividir para vencer! Aunque mi corazón sigue integrado, he dividido los contenidos y creo que una vez que nos hagamos a la nueva situación saldremos todos beneficiados. Así, este espacio puede quedar más dedicado a mis pasiones de blogger y contenido específico para profesores y estudiantes apasionados ¡y sólo en castellano!

      La nueva web es mucho más práctica para ver los contenidos de los talleres y hacer las reservas. El contenido está todo en inglés, pero la descripción de los talleres está en el idioma en el que se imparten.

      Así pues, este post es de cosas prácticas, necesarias y de celebración. Son muchos años escribiendo y compartiendo en este espacio, y aunque las nuevas webs son muy elegantes, este lugar es para mi un templo. 

Gracias a los que me seguís por aquí, os considero parte de esta comunidad de conexiones invisibles que me gusta y amo tanto. Quedo a vuestra disposición, como siempre.

Aquí os dejo a la nueva criatura:

www.samyamayogaibiza.com



sábado, 29 de julio de 2017

Enseñanza Inspirada (II): Metáforas

      Sigo caminando apasionada por este territorio que he querido llamar Enseñanza Inspirada. El propósito fundamental de esto no es que os caséis con mis ideas, sino que reflexionemos juntos y amemos las diferencias. Crear contenido e indagar en la naturaleza humana es, desde mi punto de vista, un impulso natural de todo profesor. De hecho, quizás es la llama más ardiente que podemos llegar a sentir. El buen profesor no es el que más sabe, sino el que más interés tiene en la comunicación humana, y el que más pasión siente en el compartir. Necesitamos buenos profesores. Gente valiente, sencilla y deseosa de emprender las renuncias que implica la maravillosa tarea de representar un conocimiento o una ciencia. No debemos preocuparnos de cuanto sabemos, pues el conocimiento es infinito, sino de cuánto hemos integrado y comprendido, y desde ese lugar lanzarnos a compartir esa parte que se ha hecho real en nosotros.

El tema de hoy me encanta, cada día uso estas ideas para que las luces y las sombras que todo alumno y profesor deben atravesar resulten útiles y positivas. Vamos allá...

METÁFORAS EN LA ESTERILLA

      La esterilla es una metáfora, y cada postura también. Cómo resolvemos nuestros conflictos en la esterilla ayudará a los alumnos a resolver los suyos desde el mismo lugar. Si nos sentimos y comunicamos con amabilidad, aprecio y claridad creamos en nosotros mismos una fisiología coherente, que sirve de modelo y de nueva realidad para los que nos rodean. La integridad es un elemento fundamental, más que hacer y decir, hemos de ser lo que queremos transmitir. Sólo podemos compartir con los demás los principios que regulan nuestra propia vida. Podemos pedir compromiso, si lo tenemos nosotros. Podemos pedir pasión, si nosotros la tenemos. Podemos pedir desapego, si nosotros lo practicamos. Podemos enseñar cómo navegar en una esterilla, si sabemos dirigir la nuestra.

      La gran comprensión que aspiramos a crear en nuestra práctica de yoga ha de permear al resto de los ámbitos, superando y desbordando la pequeña vida en nuestra esterilla. Es la gran vida más allá de la esterilla la que queremos refinar, purificar, alegrar y descubrir. Cuando olvidamos que la esterilla es una metáfora podemos caer en apego a lo que ocurre cuando la usamos. Cuando pensamos que lo que hacemos en la esterilla empieza y acaba en este limitado territorio fragmentamos la práctica, rompiendo su continuidad natural. Lo más interesante ocurre ante nuestro propios ojos cuando en una postura desafiante eludimos el esfuerzo o nos frustramos. Esto significa que estamos haciendo lo mismo fuera de la esterilla. Entonces empezamos a ver ese espacio tan reducido como el gran espacio para el entrenamiento de nuestras virtudes en un contexto seguro y protegido. Quizás si supero en la esterilla el miedo a caerme (incluye el miedo a que los demás me vean caerme), supere también el miedo a asumir riesgos necesarios para mi crecimiento o prosperidad. No hemos venido a este espacio a lucirnos, sino a descubrirnos. No importa nada lo que los demás opinen de nuestro viaje o nuestro vehículo, importa mucho cuánto nos impregnamos de las verdades que vamos encontrando, y cuánto estamos dispuestos a comprometernos honestamente con ellas.

     En esta metáfora, como profesores, hemos de saber que estamos entrenando nuestra capacidad para empatizar, comunicar y acercarnos a los demás. Si jugamos a ser importantes le quitamos importancia a la valentía y determinación que trajo a los alumnos a nuestro espacio. Más que ser estupendos, hemos de ser reales. Entrenando nuestra verdad y honestidad en la esterilla, cuando salgamos de ella podremos seguir iluminando el mundo con nuestra humilde humanidad. 

      En algún momento se difundió la idea de que el yoga era para relajarse, y eso hace que algunos practicantes inicien la experiencia con expectativa de muchas sensaciones agradables. Las sensaciones agradables están aseguradas, pero no vienen solas. En la esterilla podemos recorrer todos los colores y sabores de la vida real, y es así como está planeado que ocurra; lo incómodo, lo fácil, lo conocido, lo desconocido, la pasión, el miedo, el orgullo, la vergüenza, el placer, el esfuerzo,… Sin embargo, así como no nos servirá de nada ser duros con la vida, no debemos traer dureza a la esterilla. Aceptamos la dureza, pero no la promovemos. Aceptamos el esfuerzo, pero no lo forzamos. Practicamos amabilidad y determinación a la vez, y salimos volando hacia el espacio sideral inspirados por la gran visión de nuestro pequeño universo interior. 

¿No sería precioso que pudiéramos transmitir todo esta riqueza y esta belleza cuando enseñamos?  ¿Querríamos quitarle a alguien el placer que surge del esfuerzo de superar sus propias limitaciones? ¿Querríamos esconder que cuanto más valientes y transparentes somos más nos sostiene la vida? 

Propongo que digamos la verdad de esta metáfora que es la esterilla, del encuentro sagrado que supone, y de la frustración humana que podemos encontrar. Y que compartamos que en esta diversidad ocurre el milagro: la unión de nuestras partes, la unión del mundo interior con el exterior. Esto se llama yoga y no tiene final.

Seguimos navegando juntos hasta el siguiente encuentro.
Gracias por vuestra escucha.

domingo, 23 de julio de 2017

Enseñanza Inspirada (I): La atmósfera interior

        Toca un poquito de contenido específico para profesores ¡aunque el tema que tratamos en esta serie es un poco abstracto!
Creo que todos enseñamos algo, independientemente de nuestra profesión (¡si la tenemos!). Espero que podáis sacarle el jugo a estas ideas para vuestra vida personal también... 

      Enseñar está vinculado con hacer, y la inspiración está vinculada con el ser. Hoy escribo sobre la necesidad, o la posibilidad, de unir ambos para progresar en nuestra experiencia integrada como transmisores y practicantes de este hermoso arte llamado yoga.
Digo arte porque para hacerlo bien es necesario ser verdadero y genuino, y saber manejar las herramientas. En este caso habremos conquistado nuestros propios limites para volar por encima de ellos confiando en que nuestra diferencia aporta al mundo sin excluirnos de él. El miedo a ser genuinos y únicos surge de la idea de que esto conlleva un cierto grado de exclusión, incomprensión o inseguridad. 
Creo que encajar todos estos elementos es necesario en el camino de desarrollar nuestra propia voz como profesores, con valentía, amabilidad y destreza.
Esbozo aquí algunas ideas que iré avanzando a lo largo de las próximas semanas.


LA IMPORTANCIA DE CREAR UNA ATMÓSFERA INTERIOR
      Si estás en el lugar del profesor, empieza observando cómo conectas con los demás y contigo mismo. Nos centramos tanto en el "qué", que se nos olvida el "cómo". Le dedicamos tanto tiempo a crear una secuencia y un ambiente exterior, que a veces se nos olvida lo primordial que es la atmósfera interior. Conoce y estudia tu sistema nervioso, asegúrate de que no estás en estado de alerta y observa si te sientes cómodo contigo mismo y con tus circunstancias.
Nuestros pensamientos y emociones crean nuestra firma electromagnética en el ambiente. Pensamientos claros y emociones elevadas aseguran la calidad del viaje y la presencia de la conciencia en todo momento. Para mi, esta es la prioridad.
      Entiendo la dificultad de crear esa atmósfera interior en todo momento, pero enseñar es una responsabilidad de una magnitud que no debemos olvidar. Modelamos el mundo de nuestros alumnos desde el momento en el que nos ven. Por eso la práctica no empieza ni acaba, es una manera de ser y de estar. Incluso en los tiempos de más ajetreo, la práctica más recomendable es estar presentes y observar. En este estado no hay preocupaciones, sólo curiosidad y descubrimiento. 
      Si decidimos que la prioridad es estar presentes, el resto es una decoración necesaria y hermosa, pero decoración. La verdadera relación que hay que mantener en forma, más allá de la relación con el mundo exterior, es la relación con nuestra capa de sabiduría (anandamayakosha). La vida de un profesor puede tener muchas preocupaciones, como la de cualquier otra persona. Lo que debemos saber es que la preocupación es una parte de nuestra experiencia que aumenta y se mantiene cuando la identidad está en la capa mental (manomaya kosha), cuando los sentidos gobiernan y definen nuestro paisaje interior.
Lo más efectivo que podemos hacer en estos momentos es trasladar nuestra atención a la capa de sabiduría, alejándonos del ajetreo interior ¡ese es el más peligroso! 
      Con el tiempo vamos descubriendo que una vida o enseñanza inspirada no es una vida sin problemas. Una vida inspirada compensa porque crea una textura y una memoria celular de lo sagrado, entonces sabemos que estamos expresando cualidades espirituales en todo momento. Ante una dificultad puede haber contento (santosha) o puede haber queja, y lo que elegimos marca nuestra vida. Somos nosotros los que debemos llenar al alumno, y confiar en que seremos llenados por la vida. Paciencia y humildad hacen el camino posible. Cualquier tarea que se desarrolla con pasión, amor, respeto e impecabilidad ¡acaba dando frutos!
      La atmósfera interior se domina practicándola a lo largo del día. Recordando que con cada respiración estamos enseñando al mundo quiénes somos. Practicar la generosidad a lo largo del día nos recordará cuando estemos enseñando que estamos para ayudar, y que la relación con el alumno es horizontal y debe estar impregnada de igualdad y humildad, independientemente de las diferencias en experiencias o conocimientos específicos de yoga. 

La atmósfera interior invade el exterior con sus rugosidades o suavidades, va más allá de la palabra y no se puede maquillar. Nos exige salir de la mente y entrar en el corazón. Pero esto ya es otro tema que trataré más adelante.

En definitiva, podemos pasear por el mundo con nuestra borrasca interior, o impulsar cada día nuestra luz a través de las nubes y del aire.

Aquí lo dejo hoy, encantada de recibir vuestras opiniones y riquezas.


miércoles, 21 de junio de 2017

Hola corazones y flores de mi mundo,

Desde que he centrado el blog en escribir no publico eventos ni vídeos, y quizás hace falta de vez en cuando renovar espacio, posibilidades e intenciones.

En Enero abrí un Facebook para mantenerme en contacto con tantos estudiantes y profesores nacionales y extranjeros que tienen gusto por la comunicación de alma a alma en este lenguaje contemporáneo.

Me he habituado a publicar los vídeos y talleres ahí, así que dejo el link aquí.

Facebook Samyama

De paso comparto el último vídeo del canal de Youtube.

Mucho amor desde el calor de Ibiza y de mi corazón




sábado, 17 de junio de 2017

Cuando mis piezas interiores se reubican

      Cuando mis piezas interiores se reubican cambia el juego en el tablero, y esto me exige
 que desarrolle nuevas habilidades. Me doy cuenta de que según pasan los días de la vida he de mirarme con menos miedo en el espejo que me hago a mi misma. Parece a veces que estoy en un bucle infinito, que empieza y acaba donde estoy yo. Y hasta que no reconozco que es una película, y que el tablero es un juego, el drama no se transforma en aventura.

Según caminamos nos vamos encerrando en las identidades que nos hemos creado, y olvidamos que vaciarnos es aún más necesario que llenarnos. Realmente, más que llenarnos, se trata de que cuando nos vaciemos dejemos que emerja algo de dentro. Esto que emerge es el néctar del ser: la perfección divina en cada uno de nosotros.

      Cuando la experiencia humana se encoje, y no vemos el espacio disponible, todo cambia de color. Lo llamamos cambio de ánimo. Y sólo un milagro puede transformarlo. Un milagro, según Marianne Williamson, es un cambio de percepción. Cuando cambiamos la manera de mirar al mundo, el mundo entero cambia. Entonces ese mundo, por fin, nos devuelve la mirada limpia y clara. 

Quiero decir aquí que esto no es siempre fácil y que mi optimismo natural es una esperanza espontánea, pero no estoy ciega a los retos que implica la vida, ni a los techos de cristal que encontramos mientras subimos por la escalera de nuestro desarrollo personal. 

      Experimento sufrimiento como todo el mundo, en algunas épocas muy poco, y en otras mucho. Mi sufrimiento siempre me ha puesto de frente a la maravillosa libertad de tomar decisiones respecto a mi presente, releyendo el pasado y reescribiendo el futuro. He observado que el sufrimiento se vincula al miedo, más que a la experiencia que vivimos. El miedo puede referirse a la expectativa sobre el futuro, o a la sensación presente de no tener recursos para afrontar los desafíos que se nos presentan.

En muchos casos el esperar una solución es frustrarse. Y es casi mejor esperar a que pase la tormenta, con acciones moderadas y silencio ampliado. Encuentro que es especialmente molesto acoger los cambios cuando nos sentíamos bien en el lugar en el que estábamos. Pero la montaña rusa no se para, incluso aunque dejemos de comprar fichas.

     En este espacio en el que estoy, en transición, cambiando de pantalla, sólo se me ocurre que desarrollar más humildad y más verdad es la actitud que me puede dar alas, sea para aterrizar o para estrellarme.

Son muchos años enseñando, cuidando e inspirando a los demás. Cuando me toca a mi abrir puertas nuevas sólo puedo decir que se siente susto y gusto. El susto de cuando algo de dentro caduca, el gusto de saber que viene otra cosa fresca. Viene algo nuevo, lo huelo de lejos y lo siento en todo mi cuerpo. Sin embargo, no tengo ni idea de lo que es.

¿Qué haría falta para recordar cada día que yo misma le pedí a la vida superarme y descubrirme cada día? 

Doy gracias por estos últimos tiempos mozos y cómodos, y me dispongo al salto al vacío.... 
¡Hasta ahora! 



Ilustración Katy Lemay